Colombia atraviesa una transformación demográfica profunda que avanza más rápido que la capacidad del Estado para responder. Vivimos más años que nunca, pero seguimos diseñando políticas públicas como si el país fuera joven, abundante en fuerza laboral juvenil y ajeno a los efectos de la longevidad.

Esta desconexión entre realidad y política es una de las mayores amenazas silenciosas para el futuro del país.

En menos de cinco años, Colombia tendrá más personas mayores de 60 años que menores de 15. Esta cifra no es una opinión ni una postura ideológica: es un dato demográfico contundente. Sin embargo, el sistema laboral, el sistema de salud, el modelo educativo y la legislación social continúan ignorando esta realidad. El resultado es una sociedad que envejece sin preparación, sin garantías y sin una hoja de ruta clara.

El problema no es que vivamos más. El verdadero problema es que no hemos actualizado nuestras políticas para acompañar esa longevidad con empleo, salud, protección social y dignidad. La política tradicional ha preferido no mirar este fenómeno porque exige cambios estructurales, inversiones inteligentes y decisiones que rompen inercias históricas.

Desde el Partido Oxígeno, Ana Eloisa Zúñiga propone poner este tema en el centro del debate legislativo. No como una agenda sectorial ni asistencialista, sino como una política de Estado basada en evidencia, experiencia y futuro. Prepararnos para una Colombia longeva no es opcional: es una obligación ética y económica.