Colombia está envejeciendo rápido, pero seguimos diseñando políticas como si todos tuviéramos 30 años.
La longevidad no es un problema: el problema es que nadie se está preparando.
Yo estoy en la lista del Partido Oxígeno porque creo en una Colombia donde todas las edades cuenten,
donde la experiencia no se descarta y donde la longevidad sea un proyecto de vida, no un temor.
La economía de la longevidad es uno de los sectores con mayor potencial de crecimiento en el mundo. Incluye empleo, emprendimiento, consumo, innovación, salud, educación y servicios diseñados para una población que vive más años y quiere vivirlos con calidad.
En Colombia existe una forma de discriminación tan normalizada que rara vez se nombra: el edadismo. Cumplir 40 años comienza a cerrar puertas laborales; cumplir 50 convierte a muchas personas en “invisibles” para el mercado; y después de los 60, la sociedad suele asumir que ya no se puede aportar.
Durante décadas se nos enseñó que la vida laboral tiene fecha de vencimiento. Hoy esa idea está obsoleta. Las personas viven más, están más sanas y tienen más experiencia que nunca.
Colombia atraviesa una transformación demográfica profunda que avanza más rápido que la capacidad del Estado para responder. Vivimos más años que nunca, pero seguimos diseñando políticas públicas como si el país fuera joven, abundante en fuerza laboral juvenil y ajeno a los efectos de la longevidad.
El sistema de salud colombiano sigue operando bajo un modelo reactivo, enfocado en la enfermedad y no en la prevención. En una sociedad que envejece, este enfoque es insostenible.
Hablar de longevidad no es hablar solo de personas mayores. Es hablar del futuro de todas las generaciones. Las decisiones que se tomen hoy afectarán a quienes mañana llegarán a los 40, 50 y 60 años.
Durante décadas, Colombia ha sostenido una idea equivocada: que la educación es una etapa que se agota en la juventud. Estudiar hasta los 25, trabajar hasta donde se pueda y luego “retirarse” del sistema productivo. Ese modelo ya no existe.
En Colombia se habla con frecuencia de empleo, productividad e innovación, pero poco se dice sobre el papel central que cumple la educación en la exclusión laboral de las personas mayores de 40 años.
Colombia está entrando en una nueva etapa de su historia: una sociedad que vive más años, pero que no ha sido preparada para trabajar, aprender y desarrollarse durante más tiempo.