La obsolescencia no se combate con discursos, se combate con educación permanente
En Colombia se habla con frecuencia de empleo, productividad e innovación, pero poco se dice sobre el papel central que cumple la educación en la exclusión laboral de las personas mayores de 40 años.
La obsolescencia que hoy enfrentan miles de trabajadores no es consecuencia de su edad, sino de un sistema educativo que dejó de acompañarlos justo cuando más lo necesitan.
El mercado laboral cambia a un ritmo acelerado: nuevas tecnologías, automatización, nuevas formas de trabajo y desaparición de oficios tradicionales. Frente a este escenario, el país sigue operando con una lógica educativa concentrada en la juventud, como si aprender fuera una etapa que se cierra temprano en la vida. Esta visión condena a la obsolescencia a quienes no tuvieron acceso oportuno a procesos de actualización.
Cuando una persona de 45 o 50 años pierde su empleo, rara vez encuentra un sistema que la ayude a reconvertirse. No existen rutas claras de formación para adultos, ni programas públicos suficientes que integren educación, empleo y reinvención laboral. La consecuencia es exclusión, informalidad y pérdida de autonomía económica.
Combatir la obsolescencia requiere asumir la educación permanente como política de Estado. No se trata solo de ofrecer cursos, sino de crear un ecosistema que articule universidades, SENA, empresas y Estado para acompañar trayectorias laborales largas y cambiantes.
Desde esta visión, Ana Eloisa Zúñiga propone impulsar legislación que garantice el derecho a la formación continua después de los 40, con enfoque práctico, accesible y alineado al mercado real. Educar durante toda la vida no es solo una estrategia de empleo: es una estrategia de dignidad y futuro para Colombia.